Hoy camino descalza, deslizándome ligeramente sobre el suelo, mientras me miras absorto, como si jamás hubieras visto a persona alguna caminar de esta forma. Y yo, ingenua a la par que pícara, te dejo que me observes, te regalo una parte de mí y me regalo a mí misma tus ojos. Me adueño de tus sentidos sólo por un momento, sabiendo que podría hacerlo siempre que con mis manos, o con mi pelo, o con mi forma de andar, pudiera decirte te quiero de miles de formas jamás escritas, ni jamás sentidas. Porque así lo siento, y así te amo, y así te dejo que formes parte de mi camino titubeante, pues sé que necesito equilibro y que tú jamás me lo negarás.
Y finalizo mi estado, más emocional que espiritual, volviendo al suelo lentamente, mientras me sujetas con firmeza, contándome tus inquietudes y por qué te gustan mis lunares y por qué te deja de gustar la lluvia. Y así, tan simple como tu forma de reír, terminamos la noche con un beso en la frente.
Que descanses.